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Mianos estuvo vinculado históricamente al Monasterio de San Juan de la Peña, por donación del rey Pedro I en 1093. Hacia el año 1137, el pueblo se trasladó a su ubicación actual, más apta para la defensa, tras una incursión militar navarra.
En su parte alta se alza un recinto fortificado, con restos del palacio, y la iglesia parroquial (de origen medieval, ampliada en el s. XVI), que guarda en su interior un retablo del s. XVI dedicado a San Sebastián y una obra maestra renacentista escasamente conocida: el artesonado de la cubierta y el coro alto, cuyo antepecho aparece cuajado de paneles decorativos. En el exterior de la iglesia llama la atención la capilla de Nuestra Señora del Arco, donde destaca un retablo barroco del siglo XVIII.
La ermita de Santa Ana, gótica, se encuentra en un extremo del pueblo, no lejos de la fuente de piedra, precioso ejemplar de arquitectura hidráulica.
El Camino de Santiago, muy bien conservado en este tramo y rodeado de retazos de carrascal, atraviesa el término de Este a Oeste, junto al original emplazamiento del pueblo (en La Regotera) y frente a las ruinas de la Venta de Mianos, que dio servicio a los viajeros, caminantes y arrieros que transitaban por el camino de Jaca a Navarra.
Mianos mantuvo un puente de piedra sobre el río Aragón (Los Pilares), arruinado y sustituido por una barca que servía para cruzar a la pardina de Miramón. La ribera del Aragón, con su cortejos de valiosos sotos se vería afectada por el proyectado recrecimiento del embalse de Yesa.
Sus fiestas se trasladaron a primeros de agosto. Tenía gran importancia la celebración del Corpus.
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