- San Adrián de Sasabe
- Santa María de Iguacel
SAN ADRIÁN DE SASABE
La iglesia de San Adrián de Sasabe, se encuentra pasado el término de Borau. Se trata de un templo del s. XII, único resto conservado del antiguo monasterio en el que, según una antigua tradición, se refugiaron los obispos de Huesca tras la invasión musulmana. Construido en piedra sillar muy bien tallada es un edifico de planta rectangular, nave única y ábside semicilíndrico que al exterior presenta lesenas y arquillos ciegos de estilo lombardo, que apoyan en ménsulas talladas al modo jaqués. La sencilla portada, resaltada del muro y protegida por un pequeño tejaroz, es de estilo jaqués, tiene arco de medio punto, capiteles tallados y una arquivolta ajedrezada que lo enmarca.
SANTA MARÍA DE IGUACEL
La entrada a Santa María de Iguacel se realiza a través de una bella portada ornamentada con arquivoltas e impostas labradas con los clásicos elementos jaqueses del ajedrezado y las palmetas, que cuenta además con capiteles decorados y un tejaroz sobre canecillos que remata el conjunto.
Pero lo que más llama la atención es la inscripción que se sitúa sobre ella y que dice así: “Esta es la puerta del Señor por donde entran los fieles en la casa del Señor, que es iglesia fundada en honor de Santa María. Ha sido fabricada por mandato del conde Sancho junto con su esposa de nombre Urraca. Ha sido terminada en la era de 1110 -corresponde a 1072-, reinando el rey Sancho Ramírez en Aragón, el cual ofreció por su alma en honor de Santa María la villa llamada Rosa -Villarrosa-, para que el Señor le dé la vida eterna, amén. El escritor de estas letras se llama Aznar. El autor de estas pinturas se llama Galindo Garcés”. Nada queda de las mencionadas pinturas y las conservadas “in situ” son góticas de la primera mitad del siglo XV.
En el Museo Diocesano de Jaca se custodia el frontal del altar, pintado con escenas de la vida de la Virgen, de estilo gótico e influencias bizantinas; una talla policromada, esta sí románica, de la Virgen sedente con el Niño; y una gran verja de hierro forjado de la misma época, que cerraba el presbiterio. Del magnífico edificio podemos decir que tiene nave rectangular cubierta con madera y ábside semicircular, perforado por vanos enmarcados por columnitas y capiteles.
Textos facilitados Manuel Pérez Belanche |