En esta ocasión, habida cuenta la escasez del espacio disponible, trataré de ser breve, destacando aquellos extremos de interés que, a mi modo de ver, más puedan destacar ante el visitante.
Siempre que alguna persona o entidad, oficial o no, solicita de mi modesta pluma unos renglones sobre el Castillo de S. Pedro de la Ciudad de Jaca me lleno de orgullo y satisfacción, que tal es mi cariño por tan singular monumento castrense, hoy, con toda justicia, flamante premio "Europa Nostra".
El Castillo de S. Pedro, vulgarmente conocido como "La Ciudadela", es una fortificación militar desde la colocación de su primera piedra en el último tercio del s.XVI de D. Felipe II (I de Aragón). A día de hoy, comenzado el s.XXI, lo sigue siendo a todos los niveles. El Ejército español siempre se ha ocupado de la totalidad de su mantenimiento, poniendo de manifiesto un interés tan digno de elogio como poco corriente. En definitiva, estamos ante una gran obra castrense de carácter defensivo, que nació como consecuencia de las llamadas "Guerras de Religión", instigadas
y alimentadas desde Francia por los protestantes "hugonotes" de Calvino. Debería formar parte del conjunto defensivo de nuestro Pirineo español en evitación de las poco deseables invasiones galas. ¡La católica España...!
Su construcción, excesivamente larga en el tiempo y costosa en medios, se llevó a cabo siguiendo las ideas renacentistas y los planos de D. Triburcio Spanochi, Comendador italiano al servicio del Rey de España. Este destacadísimo ingeniero militar trató de aplicar en todo momento las más modernas teorías europeas sobre fortificación, a los que no fueron ajenos ni Leonardo da Vinci ni Alberto Durero. Las evidentes mejoras en Artillería de sitio, tanto en precisión como en alcances y eficacia real de sus fuegos tuvieron mucho que ver con la evidente pérdida de altura de los castillos, que desde entonces comenzaron a "enterrarse".
Sin embargo, la idea ancestral de que este tipo de reductos debería permitir la defensa en todos las direcciones, lógicamente, permaneció efectiva y vigente. ¡La "torre de homenaje" había desaparecido! Para su más elemental estudio dividiremos el conjunto de nuestra Ciudadela, un llamativo pentágono estrellado cuando se observa desde el aire, en TRES ÁREAS bien definidas: la de "defensas accesorias", la de "combate" propiamente dicha y la de "vida". Separémoslas convenientemente:
El ÁREA DE DEFENSAS ACCESORIAS contempla el conjunto de obstáculos que, debidamente activados por los fuegos del defensor, dificultan al máximo la progresión del enemigo. En el caso del Castillo de S. Pedro y de lejos a cerca, debemos destacar los "glacis", bien despejados y en suave pendiente y los "fosos" en general, mediante los cuales es posible "detener" al enemigo para poder batirle por el fuego con mayor facilidad. Importante poner de relieve que en estos fosos de Jaca nunca hubo agua; entre otras razones, porque escaseaba notablemente.
Naturalmente, el ÁREA DE COMBATE es el fundamental, estando asentadas a lo largo de aquella la mayor parte de las armas de fuego disponibles y siempre con la munición bien próxima. Se encuentra protegida directamente por la "muralla principal"; facilitando su planta poligonal la eficacia de los fuegos de flanco. He aquí uno de los más significativos avances logrados por el Renacimiento. Un "camino de ronda" une los cinco reductos fuertes principales, verticales del pentágono mencionado y que reciben la denominación genérica de "baluartes".
En el ÁREA DE VIDA, auténtico "cajón desastre" de la posición defensiva, siempre centrado en el interior del Castillo, se situaba todo lo necesario para la subsistencia, descanso y recuperación de las tropas de la guarnición, como mucho, unos 300 hombres. Desembarazarlas de lo inservible...seguramente sería otro cantar. En la actualidad se conservan bastante bien los alojamientos para personal, los tres pozos de agua, la residencia del "Teniente de Rey" de turno, la Capilla, el Cuerpo de Guardia y el calabozo, siendo la zona de polvorines quizás la más completa y llamativa. Hay que señalar que, en un principio, los alojamientos para tropa se construyeron separados, en evitación de peligrosos incendios. Hoy en día casi todos están bien unidos. La Capilla, terminada mediado el s.XVIII, es, como todo lo castrense, de una exquisita sencillez. En su interior descansaron los restos de algunos significados Alcaides, incluido D. Juan de Velasco, el primero de ellos en el tiempo. Asimismo puede admirarse la Pila Bautismal románica que, otrora, perteneciera a la Iglesia de Nª Sª del Burnao. Permítaseme un último dato pintoresco: la Virgen del Altar Mayor fue pintada por las manos pecadoras de quien suscribe estos renglones... ¡qué Dios me quiera perdonar!.
En otro orden de cosas, es preciso poner de relieve que, históricamente, las efemérides vividas por el Castillo de S. Pedro no son como para celebrarlas con cohetes y cava, que así fueron de pobres y escasas. Resulta paradógico que una fortificación de semejante fuste que fuera construido por los españoles para que éstos, desde dentro, pelearan contra los franceses de fuera, sólo entrara en batalla precisamente en una ocasión, pero con los franceses dentro y los españoles ...fuera. ¡Cosas de la Guerra de la Independencia!.
Una sugerencia final: trate de visitar el castillo con tanta curiosidad como sosiego, pensando que todo lo construido "servía para algo". Como es natural, otra cosa bien diferente es que lo sepamos explicar como Dios manda. Y no olvide que se encuentra en el interior de un MONUMENTO NACIONAL HISTÓRICO-ARTÍSTICO-CASTRENSE único en su clase en todo el mundo y casi al completo. Solamente la Ciudadela de Lieja (Bélgica) se le parece un poco.
Y esperando que el sufrido lector sepa comprender que es punto menos imposible escribir tantas cosas en tan poco sitio, deseamos a éste una grata visita a nuestro querido recinto que, entre otros, alberga entre sus muros el
MUSEO DE MINIATURAS MILITARES de reciente creación y también único en España.
Muy agradecido por su atención con un afectuoso saludo desde la entrada.
Texto Juan B. Topete de Grasa. Soldado de la Infantería española |
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