El mundo micológico es a todas luces apasionante. Más de mil especies en Aragón y más de cien mil alrededor del planeta
EN LA COMARCA DE LA JACETANIA
Las setas son esos hongos pertenecientes al Reino del Fungi, mitad vegetales, mitad animales que resultan partes esenciales en el buen porvenir del bosque y de tantos otros ecosistemas. Tamaños y formas distintas y toda la gama de colores a sus pies (o estirpes). ¿Podría escapar un fenómeno así de toda clase de peligros? La respuesta es sencilla: no.
Especies sumamente atractivas pueden confundir al micófago puro con su encantador aroma, su fantástica apariencia o su delicada ternura. No todas las especies de setas se pueden comer. Ante ello y en su lucha se recomienda información y mucha mucha precaución. Caer en la tentación de lo atractivamente aparente de ciertas setas puede traer graves consecuencias. Una vez prevenidos, informados y con unas pautas básicas a seguir, sólo queda algo por hacer: disfrutar.
DIEZ CUESTIONES A TENER EN CUENTA ACERCA DE LAS SETAS
Todas las setas son hongos pero no todos los hongos son setas. Al mismo tiempo que, lógicamente, todas las setas son setas… no todas las setas son comestibles. Aspecto semejante, propiedades diferentes. Lo que no se identifica, si se piensa degustar, mejor dejarlo donde está. Ahí en su sitio cumple su papel.
Por la misma razón, conviene no recoger un número mayor al que pensemos comer. No hay que ser egoístas ni dejar que el desconocimiento pueda con nosotros. El resultado es una gran cantidad de especies en la basura, por cualquier lugar… lejos de donde realmente pueden desempeñar un papel importante.
Para averiguar y hacernos con el sabor de las setas bastará con masticar con los dientes un pequeño pedacito de la seta en cuestión. Después se usará la punta de la lengua para identificarlo. No hay que tragar y sí escupir. Así no correremos riesgos inútiles.
Las setas tóxicas no tienen la culpa de serlo. No hay que maltratarlas ni darles fin. Tampoco a los ejemplares viejos ni a los estropeados. Todas esas setas tienen su razón de ser y, entre otras cosas, forman suelos o el humus del bosque, por ejemplo. ¿Recuerdan el anuncio de los pezqueñines? Pues igual para las setas muy jóvenes.
Cuchillo, sentido común, un libro informativo y una cesta bien aireada (alejándose todo lo posible al plástico), serán los utensilios básicos que todo buen explorador debe llevar consigo. Una vez en la cesta se colocaran separadas, limpias y bien ordenadas. Enteras sí han de estudiarse.
Al menor síntoma de haber podido ser envenenado o intoxicado, hay que correr inmediatamente al hospital más cercano. El tiempo es oro y no se admite demora alguna. Si las molestias empiezan práctica y simultáneamente al mismo tiempo que la degustación, la intoxicación es leve. Si los dolores no comienzan hasta pasadas unas cuatro horas desde la ingestión, el asunto es serio: nauseas, diarrea, dolores lumbares, de cabeza, intranquilidad, delirio, alucinaciones, pulso rápido… hay que tener cuidado. Prevenir es vital, como decía el eslogan de aquel programa televisivo.
No todas las setas que no son tóxicas se pueden comer. Hay que tenerlo en cuenta, al igual que, por muy comestibles que sean algunas especies, no implican que puedan hacer una mala reacción en nuestro cuerpo por motivos tales como alergias.
Las setas suelen ser muy indigestas. Hay que tomarlas en pocas dosis… ¡Así se disfrutan más! Tras la recolecta conviene cocinarlas pronto y, en caso contrario, guárdalas bien limpias en el frigorífico. Hay diversos métodos para su conservación. ¿Para lavarlas? A remojo el tiempo justo.
No se pueden recoger setas durante la noche, desde una hora antes de la puesta del sol y hasta una hora después de su salida. Y sólo puede recogerse un número de tres ejemplares completos por especie, día y persona.
Algo más, puede que lo más importante: el medioambiente está ante todo. Respetadlo.
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