Dejando atrás la N-240 que une Jaca con Pamplona, tomaremos la A-137 para dirigirnos a los que algunos han llamado el pórtico aragonés del valle del Roncal, Salvatierra de Esca
SALVATIERRA DE ESCA
Una vez atravesado Sigüés el paisaje parece prometernos un entorno más agreste y serrano. Nuestro pueblo está bañado por el río Esca, del que toma parte del nombre, y es arropado por una gigantesca mole de roca sobre la que se yergue la ermita de la Virgen de la Peña, patrona del lugar.
Otros dos oratorios se encuentran en las proximidades del pueblo, la de Santa María de Fuenfría, de estampa rústica, testimonio mudo del antiguo monasterio fundado en el siglo IX; y la ermita barroca de Ntra. Sra. del Pilar.
El caserío, declarado Conjunto Histórico Artístico en 1983, conserva excelentes muestras de arquitectura civil prepirenaica y esconde un interesante Museo Etnológico en el que ver objetos y útiles que nos muestran como eran las costumbres y el modo de vida en épocas pasadas. Sobre este mar de aleros de madera y chimeneas de piedra se eleva robusta y protectora la torre almenada de la parroquial de El Salvador, imponente iglesia-fortaleza, de estilo tardo gótico, erigida sobre un espolón rocoso.
El aire belicoso del templo tiene su explicación en el origen fronterizo del pueblo. En 1208 el rey Pedro II de Aragón, para defender los límites de su territorio frente a la poderosa Navarra, concedió al pequeño asentamiento de Olbeva los fueros de Ejea y determinó que en lo sucesivo se llamase Salvatierra.
La iglesia del siglo XVI es de nave única, con capillas cubiertas por bóvedas estrelladas, y a ella se accede por medio de una sencilla portada poligonal, sobre la que se conserva el crismón del antiguo templo románico. En su interior conserva importantes muestras de arte barroco, destacando por su belleza el retablo mayor, una fantástica sillería de coro en piedra labrada y un impresionante órgano del siglo XVII, recientemente restaurado, de los que daremos buena cuenta en próximos números de nuestra revista.
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